Por Belisario Sangiorgio
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Con el desarrollo de la novela HECHOS REALES, de alguna forma para mí fue como comenzar a vivir dos vidas en simultáneo.
Soy el que descubre, leyendo, quién fue. Es decir, hoy, en el tiempo presente, soy esa persona que descubre, mientras lee, quién fue. Y mientras tanto también soy aquel que fue.
Todo lo que me tocó vivir y todo lo que está consignado en las páginas de este libro lo viví como cualquiera vive su vida cuando tiene que hacer lo que tiene que hacer. Sobrevivir involucra no pensar. Salir adelante, vencer, muchas veces involucra no pensar y simplemente hacer lo que uno tiene que hacer.
Entonces hoy soy, y sigo siendo de una forma simple y lineal, aquel que fui. Pero al mismo tiempo nace, con la publicación del libro, la persona en la que me convierto cuando leo y descubro al que fui, viéndolo desde ojos externos.
Todo aquello que hice por la necesidad de sobrevivir me sorprende cuando lo descubro y lo veo expresado en su conjunto: en la creación de la editorial, en la publicación del libro, en la viralización de determinados contenidos, en el desarrollo del podcast del año pasado sobre literatura argentina y en la publicación y el alcance que tuvo el libro Matrero, con más de 10.000 descargas.
Cuando empiezo a redescubrir en la lectura y a reconocer al que fui con ojos externos, encuentro una especie de disfrute, una especie de placer, una especie de sensación de victoria por el hecho de haber sostenido durante diecisiete o dieciocho años la voluntad de buscar la construcción de una novela que aspira a ser perfecta y a reformar el género en el que se desenvuelve, que en este caso es el de la crónica sudamericana.
